lunes, 22 de septiembre de 2008

UNA MAÑANA EN EL METRO

Son las 07:00.
Salgo por el portal como cada mañana.
La cerradura está rota, más bien sigue rota, porque anoche ya estaba así.
Espero a que se cierre la puerta antes de seguir, más por costumbre que por otra cosa.
Miro hacia los lados y no veo a nadie sospechoso así que sigo.

Son las 07:10.
Estoy sentado en el metro con un libro entre las manos.
No recuerdo el camino del portal hasta aquí.
No recuerdo haber bajado las escaleras, haber pasado por el torno ni la espera en el andén, ni haber sacado el libro, pero lo he hecho, como todos los días.

Miro a mi alrededor.
A esta hora y en esta dirección no viaja mucha gente.
Los cuento: aparte de mi, dos marroquies (creo), cuatro rumanos (eso parece), tres subsaharianos (políticamente correcto) y tres europeos (si, los rumanos también son europeos, pero son rumanos).
Ocho mujeres y cinco hombres, no se cumple la paridad, vaya por Dios, en la próxima parada habrá que hacer algo al respecto.
Miro de frente y me veo con sonrisa de medio lado mirándome.

Vuelvo a mi libro.

Levanto la mirada.
El vagón se está animando, ya están casi todos los asientos ocupados.
Ganan por goleada los emigrantes.
Veo caras de sueño.
Veo caras tristes.
Veo mentes vagando como la mía.
Veo pensamientos que se van hacia el otro lado del Atlántico.
Veo miradas al futuro.
Suben y bajan, se agarran se empujan, se miran sin verse.

Sigo leyendo.

El metro lleva parado demasiado tiempo en la estación.
La gente se impacienta.
Suena megafonía: "Señores viajeros, Metro de Madrid les informa, que por causas ajenas a Metro este tren no va a continuar su ruta. Hagan el favor de bajarse del tren" o algo parecido. Siempre son causas ajenas a metro.
El chico del cristal me mira y sonrie de medio lado.

Se lo que piensa, pero hay que bajarse.
Todos al anden.
Miradas al reloj, el próximo metro llega en dos minutos.
Protestas airadas al aire.
Nadie las recoje.

Leo.

Llega el metro.
Entre ellos y nosotros ya somos muchos.
Carreras por los asientos.
El murmullo crece.

Sigo leyendo.

Fin de trayecto.
Arrastar de pies por el polígono.
Calles perfectas.
Rectas y asfaltadas.
Farolas alineadas.
Portones abiertos.
Camiones entrando.
Furgones saliendo.
Ya hemos llegado.

Empieza la rutina.

¿Empieza?

4 comentarios:

El Ratón Tintero dijo...

Y se puede saber ¿qué libro eres capaz de leer en esas circunstancias?
En Sevilla no hay metro... aún. Llevan como más de 30 años en ello (y no exagero como buena andaluza), al final ni el de Moscú; "una obra moros", que para eso estamos por aquí abajo :-P
Pero veo a gente leer en los autobuses y me parece increíble cómo son capaces.
A mí la lectura me abstrae tanto que creo que daría dos vueltas al circuito sin enterarme :-)

Me ha gustado mucho tu texto... ¿rutinoso?. La rutina no es tan mala como la pintan, hay hasta quien se siente seguro y todo ;-)

ortiga70 dijo...

Hola Retje_ Robar.Ante todo pedirte disculpas por haberte encontrado mi blog como Restricted Area...Pero de momento, eso es lo que hay..Si te interesa el cine de Haneke (ya he visto que le has pedido opinión a mi amiguita Bela) te diré que no veas el remake de Funny Games( es una basura al lado de la original, la primera).
Tb te recomiendo que veas El séptimo Continente, Benny's Video,Código Desconocido,Caché y por supuesto..La Pianista.
Las he posteado todas.
Espero haberte podido ayudar.
(Esto no tiene nada que ver con tu post, pero de momento, es la única forma que tengo de contactar contigo).
Saluditos mr Sellers...:)

retje_robar dijo...

Ja, ja. Ratona, lo confieso, tengo una capacidad de concentración muy intensa pero muy corta, 15 minutos como máximo, después necesito una pequeña evasión, tambien corta. Así que funciono en ciclos cortitos, que me dan para leer un poco y observar (cotillear) otro poco. Pero también es verdad que no sería la primera vez que me pasará de estación.

Gracias Ortiga. Bela me recomendo tu blog y ya vi que Haneke te gusta poco, así que te cotillee las entradas. Ahora a sacar tiempo para verlas. Ya te contaré.

trilceunlugar dijo...

como te grité desde el otro lado del andén...y me reconociste por las uñas pintadas de los pies...hicimos un nudo al día y nos inventamos un festivo!