domingo, 16 de noviembre de 2008

EN LA BOCA DEL METRO

Lunes. 20:30 horas. Boca de metro de XXXX (el metro empieza a ser un tema recurrente).
He llegado pronto, como siempre, así que saco mi libro del bolso y comienzo a leer. Miro a mi alrededor. La calle está llena de gente ocupada y con prisa, subiendo y bajando por la avenida. Entrando y saliendo de la boca del metro, que los devora sin conciencia.
El escaparate de la tienda de animales está lleno, como siempre de padres e hijos comiéndose a los cachorros con los ojos, esos pobres cachorros que buscan un dueño que les quiera desesperadamente, cachorros a los que crecer es lo peor que les puede ocurrir.
Sigo esperando, y allí parado el ritmo de la ciudad es vertiginoso. Me siento un ser privilegiado, viendo desde mi espacio inmóvil el ritmo desatado de todo lo que me rodea. Y así, mirando a mí alrededor veo una persona que destaca entre las demás. Esta quieto enfrente de mí, parece que el también está como un observador estático del circo que nos rodea. Pero entre él y yo hay una pequeña diferencia, el está trabajando. Estático, inmóvil, repartiendo sus panfletos, invisible a los ojos de la mayoría, como una estatua entre el tráfico. Entran y salen, suben y bajan. Algunos cogen la propaganda, otros le esquivan, pero la mayoría ni le ven. Y allí está él, estoico, autista, con su mochila llena de panfletos que no se acaban. Ninguna sonrisa, ningún agradecimiento. Y el tiempo pasa, la gente va y viene, y yo me marcho, pero él se queda.

5 comentarios:

El Ratón Tintero dijo...

El próximo día 20 de diciembre “dicen” que se inaugura el metro aquí.
Veremos esa alcantarilla humana tragando y escupiendo, según vayan las aguas turbulentas.
Pero eso que describes lo he experimentado siempre que voy por ahí, claro que siempre voy de recreo; de patio de recreo del manicomio más bien.
Insisto en que eres muy rarito eligiendo los lugares de lectura, yo sería incapaz.

ortiga70 dijo...

Así es la vida amigo...muy cerca de nosotros hay todo un mundo lleno de personas con problemas que están ahí, como convidados de piedra, sin posibilidad alguna de nada, sobreviviendo como pueden dentro de la vorágine...
Saludos.

Losbutilio dijo...

Yo conocí un caso el viernes, pero algo diferente. Era la entrada de una óptica, y ella es rubia, con lo cual sí la miran aunque no le cojan panfletos. Más triste todavía. Saludos.

retje_robar dijo...

Ratona, ya verás que bien con el metro. En cuanto a lo de leer en cualquier sitio, pues es que como no fumo, cuando espero saco el libro y a darle caladas, a veces con un poco de ansiedad, es verdad, pero no creo que pueda dejarlo.
Ortiga: así es, y lo peor es que no les vemos.
Butilio: si, a veces se convierten en ese oscuro objeto del deseo.

Bellaluna dijo...

El metro devora a las gentes de la ciudad y los devuelve tras digerirlos y pasearlos por su intestino convertidos en sociedad hemipléjica, con taras y la cara asustadiza... Hay quienes se aventuran voluntariamente.